2 de marzo de 2011

LAOS // Si Phan Don (ESP-ITA) (13/11 - 17/11)

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Del 13 al 17 de Noviembre de 2010


Imaginaos una isla tropical, con cabañas de madera y bambú casi sobre el agua, cocoteros por doquier, batidos de frutas, sol radiante casi todo el año, ahora quitadle el mar y sustituidlo por el río Mekong, eliminad de vuestra mente el asfalto y cambiadlo por un camino de tierra de metro y medio de ancho con vacas, bueyes, perros y gallinas en las inmediaciones (o en medio)... eso es Don Det, una de las 4000 islas (Si Phan = 4000, Don = isla), zona en la que el gran Mekong, justo antes de entrar en Camboya, se ensancha creando multitud de islas de todos los tamaños, la mayoría de ellas deshabitadas.




















Don Det es de tamaño moderado, se puede dar la vuelta a la isla en bici en menos de dos horas, y está unida a otra isla, un poco más grande, Don Kon, a través de un puente. Llegamos allí junto con una horda de turistas en una barca, pero los turistas parecen desaparecer y diseminarse bien por las distintas opciones de alojamiento que ofrece la isla. La primera noche nos quedamos en una de las primeras guesthouses con cabañas que encontramos, pero después de dar un paseo más hacia el sur, y más cerca del puente para pasar a Don Kon, encontramos un sitio más apacible (al menos en principio) en el que nos quedamos las cuatro noches restantes.

El puente para cruzar a Don Kon
Vista desde nuestra cabaña
















Al día siguiente por la mañana nos trasladamos a nuestra nueva cabaña y cogimos unas bicis para explorar la isla. Fuimos hasta el puente y cruzamos a Don Kon. En esta otra isla hay unas cascadas enormes, no por altura, si no por anchura, que impidieron a los franceses completar la ruta fluvial desde Vietnam hasta China; decidieron que quizá podían construir un ferrocarril para salvar este tramo, pero el proyecto quedó en abandono y por allí conservan los restos de la ferrovía y alguna máquina antigua. Además de las cascadas, hay una zona escondidilla con una playita donde yo me atreví, a pesar de la pinta del agua, a darme un baño..hacía mucho calor!! Después del baño comimos algo y nos fuimos a otra playa desde donde vimos el atardecer sentados en unas rocas al lado del agua. Desde esta playa ofrecían viajes en barco (que rechazamos gentilmente) para ir a ver los delfines Irrawaddy, una rara especie de agua dulce, en vías de extinción. Esta zona del Mekong es uno de los pocos habitats naturales que le quedan a este animal.

Cascadas del Mekong
La playita donde me pegué el baño























La isla de Don Kon es un poco más grande que Don Det, así que nos dejamos para el día siguiente otra visita. Esta vez cruzamos a través de la isla por una pista medio en construcción, hasta el extremo más al sureste, en el que había una de las máquinas de vapor francesas y lo que parecía una especie de puerto. Allí nos sentamos en un pequeño restaurante y estuvimos un rato charlando con un alemán que había estado media vida trabajando para la televisión alemana en Asia, repartido entre Singapur y China. Después de la pausa cogimos otro camino que cruzaba la isla hacia el norte, intentando encontrar otras cascadas que estaban en el lado este, pero no las encontramos..sin embargo, la ruta en bici estuvo bastante bien, entre jungla tropical y pequeños poblados locales. Completamos la vuelta a la isla pasando por el lado oeste de la isla, el más desarrollado y donde están la mayoría de las guesthouses, algunas de ellas con cabañas familiares flotantes de precios fuera de nuestro presupuesto.

Las cabañas flotantes de Don Kon


Dando una vuelta por Don Det con la bici, nos encontramos una guesthouse en la que el dueño (occidental) había decidido atar a un macaco a un árbol al lado del camino. El animal estaba ahí todo el día, con una especie de arnés, saltando de rama en rama y atrayendo a los turistas. La verdad es que era un animal fantástico, pero Serena y yo nos planteamos más de una vez cortar la cuerda que le ataba. Cuando me paré delante del mono con la bici, enseguida alargó la mano e intentó coger la botella de agua que llevaba en mi cesta. No le deje que me la robara, pero cogí la botella y se la di para que bebiera. El mono se acabó la botella y la tiró al suelo, y se fue hacia el otro lado de su limitado rango de acción. Yo me agaché para recoger la botella y de repente el cabrón se me tira a la cabeza!! Por suerte yo me aparté y sólo pudo morder pelo..a saber lo que hubiese pasado si me engancha el cuero cabelludo. Estos animales, sobre todo después de tener contacto con humanos y estar en cautividad, son muy agresivos e impredecibles.

La cuarta noche, estando en nuestra cabaña, empezamos a oir a un cerdo gritar...claramente no de alegría, algo se estaba cociendo, en cualquier parte del mundo, si se mata un cerdo, es que hay fiesta. Le preguntamos al dueño de la guesthouse y resulta que al día siguiente celebraba su boda (segundas nupcias) y habían matado un par de gorrinos. Al día siguiente, desde las 6 de la mañana, estaban con la música a tope. Nos invitaron a desayunar arroz glutinoso con verduras y cerdo (fresco, claro!!!), y también nos ofrecieron un poco de Lao Khao, que nos bebimos por compromiso. La música laosiana la verdad es que es bastante mala, con cantantes desafinados y ritmos sampleados más cutres que las demos del Casio PT10, lo que se unía al altísimo volumen y a la cantidad de locales borrachos, por lo que decidimos huir y pasar gran parte del día relajados en otro sitio, a pesar de que era nuestro último día en la isla y queríamos estar en nuestro bungalow tranquilitos.

Uno de los invitados a la boda poniéndome el hilo/pulsera de la suerte


Al día siguiente por la mañana, el dueño de la guesthouse, con un resacón, nos acercó en barca hasta la orilla del Mekong, desde la que emprendimos nuestro viaje hacía un nuevo país en la lista, la salvaje, la destrozada por la guerra y el genocidio, la intrigante Camboya.

Allí nos vemos en la próxima!!

Julio




(ITA)




Dal 13 al 17 Novembre 2010




Immaginate un'isola tropicale, con palafitte di legno e bamboo quasi sull'acqua, palme da cocco ovunque, frullati di frutta, sole raggiante tutto l'anno, adesso togliete il mare e mettete il fiume Mekong, eliminate l'asfalto per un cammino di terra largo un metro e mezzo con vacche, buoi, cani e galline che ci vagano intorno (o nel bel mezzo)...questo è Don Det, una delle 4000 isole (Si Phan =4000, Don=Isola) , zona nella quale il poderoso Mekong, giusto prima di entrare in Cambogia, si allarga creando una serie di isolette di tutte le misure, la maggior parte delle quali disabitate.





















L'isola di Don Det è di una grandezza moderata, la si puó girare in bici in meno di due ore ed è unita ad un'altra isola un pò più grande, Don Kon, grazie ad un ponte costruito dai francesi durante l'epoca coloniale. Arriviamo in barca con una tonnellata di turisti, che, per fortuna, una volta raggiunto il porticciolo spariscono assorbiti da tutte le varie opzioni di hotel, ostelli e pensioni che offre l'isola. La prima notte rimaniamo in una delle prime guesthouse con bungalows che troviamo, pero il giorno dopo una passeggiata verso il sud verso il ponte francese ci fa cambiare idea, troviamo un posto tranquillo (almeno lo sembrava) nel quale poi rimarremo le 4 notti che ci restano in Laos.



Il ponte per Don Kon
Vista dal nostro bungalow
















Il secondo giorno dunque ci trasferiamo al nuovo bungalow e affittiamo un paio di biciclette per visitare l'isola. Attraversiamo il ponte e ce ne andiamo a Don Kon, famosa per albergare delle cascate enormi non per altezza, ma per larghezza: i francesi dovettero rinunciare ai loro piani di sfruttamento del Mekong come "autostrada" fluviale tra la Cina e il sud del Vietnam per colpa di questi insormontabili sali-scendi rocciosi del Mekong. Cominciarono a costruire una ferrovia per evitare questo tratto ma il progetto rimase in sospeso così tutt'ora si possono vedere i resti di questa ferrovia e di qualche locomotore antico. Oltre alle cascate si puó visitare una piccola spiaggia nascosta dove mi azzardo a fare un bagno..nonostante il colore dellacqua...faceva troppo caldo!!! Dopo il bagno mangiamo qualcosa e ce ne andiamo ad un'altra spiaggia verso sud, dove rimaniamo a vedere il tramonto, seduti su delle rocce in mezzo al fiume. Da questa spiaggia normalmente offrono viaggi in barca (che noi gentilmente rifiutiamo) per andare a vedere i famosi delfini  Irrawaddy, una specie d'acqua dolce in via d'estinzione. Questa zona del Mekong è tra i pochi habitats naturali che rimangono al povero animale.



Cascate del Mekong
Qui mi sono fatto il bagno























Come già detto, l'isola di Don kon è un pò più grande di quella di Don Det, quindi il giorno dopo ci ritorniamo. Questa volta passiamo per un cammino mezzo in costruzione fino all'estremo più al sud-est, nel quale si trovano ancora delle macchine a vapore francesi e quello che doveva essere un porto. Lì ci sediamo sulla terrazza di un piccolo ristorante e rimaniamo un paio d'ore a chiacchierare con un tedesco che aveva passato metà della sua vita lavorando per una televisione del suo paese in Asia, dividendosi tra Singapore e la Cina. Dopo questa pausa riprendiamo per un altro cammino che attraversa l'isola verso nord, cercando le cascate nel lato ovest dell'isola, ma non le troviamo. Comunque rimaniamo soddisfatti dalla nostra escursione in bici, tra giungla tropicale e piccoli villaggi di bamboo. Finiamo il giro dell'isola passando per la costa ovest, dove si trova la maggior parte delle guesthouse più costose della zona, alcune di loro con bungalows flottanti dai prezzi astronomici...per noi.



Bungalows flottanti


Facendo un giro per la "nostra isola", troviamo una guesthouse sul cui steccato il proprietario (un occidentale) aveva deciso legare una scimmia. L'animale stava lì tutto il giorno, saltando da un tronco all'altro dell'unico albero da lei raggiungibile, guardando e attraendo i turisti. Quella scimmia era fantastica, e diverse volte io e Serena abbiamo pensato di tornare lì di notte e liberarla!
Una volta mi fermo con la bici lì vicino e quella cerca subito di azzaffarmi la bottiglia d'acqua che ho nel cestino. Cerco di rendergli la missione impossibile ma poi gliela do. Lei la prende e se la beve dopodichè la lancia per terra e se ne va, con un attitudine indifferente e sprezzante, su di un altro ramo. Quando già sono mezzo inginocchiato per riprendere la bottiglia la maledetta scimmia mi si tira addosso con un volo acrobatico, cercando di mordermi la testa....io di scatto mi tolgo e la lascio con i miei capelli "tra le dita", chissà che sarebbe successo se mi si fosse agganciata al cuoio capelluto! Questi animali sono abbastanza imprevedibili...


La quarta notte dall'interno del nostro bungalow sentiamo all'improvviso le famose grida di un maiale...che ovviamente di felicità non scoppiava. Capiamo che qualcosa stava per succedere: dovunque nel mondo, se si ammazza un maiale è per una festa. Chiediamo al proprietario della guesthouse, il quale,  orgoglioso, ci informa di che il giorno dopo si sarebbero celebrate le sue seconde nozze..occasione per la quale aveva fatto ammazzare nel suo giardino(quindi a due passi dai bungalows..) due maiali. La "festa" comincia alle 6 del mattino del giorno dopo, svegliandoci di soprassalto con una musica assordante (le casse stereo..impressionanti). Ci invitano a fare colazione con loro: riso glutinoso con verdure e maiale (fresco, ovviamente) e per cominciare bene la giornata, un bel bicchiere di Lao Khao, il whisky laosiano, che ci beviamo di controvoglia per accontentare l'oste. La musica laosiana "commerciale" purtroppo è abbastanza mediocre, i cantanti sono stonati, i ritmi pessimi e il volume altissimo. Verso le 10 del mattino tutti gli invitati sono pressoché ubriachi. Ci sarebbe piaciuto rimanere più tempo sul balconcino di legno del nostro bungalow a leggere o dormire sull'amaca...pero era praticamente impossibile, la musica era troppo alta. Decidiamo scappare e passare la giornata da qualche altra parte..




Uno degli invitati mi annoda il "braccialetto" della fortuna


Il mattino del giorno dopo, il proprietario della guesthouse, ancora mezzo ubriaco, ci porta in barca fino all'altra riva del Mekong. Da lì poi comincerà il nostro viaggio verso il prossimo paese sulla lista: la selvaggia, distrutta e intrigante Cambogia.

Ci vediamo lì! Alla prossima..

Julio

29 de diciembre de 2010

LAOS // Tha Khaek - Champasak

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Después del buen sabor de boca de Luang Prabang y de la indiferencia que nos provoca Vientiane, llegamos a la pequeña localidad de Tha Khaek, en nuestro camino hacia el sur del país. Tha Khaek tiene poco más que unas buenas vistas al Mekong y algunos edificios coloniales. Pero tiene rutas interesantes en los alrededores donde se pueden ir a ver algunas cuevas.
















El precio de las habitaciones es un poco más caro de lo que estamos acostumbrados, así que hacemos ruta por las pensiones del pueblo en tuk-tuk junto a una joven pareja de catalanes que hemos conocido en el bus. Al final encontramos algo que nos satisface mínimamente, no somos muy exigentes cuando sólo vamos a estar un par de noches en un sitio, aunque en este caso no nos habíamos dado cuenta de que el único karaoke del pueblo estaba al lado de nuestra pensión, con lo que hasta las 2 ó las 3 no paraba el ruido.

Por la mañana vamos a la búsqueda de moto de alquiler barata, y tras un poco de regateo pillamos una moto cutre por 70000kips, aunque más cara que en Vientiane (50000) o Luang Namtha (30000). Es curioso que los precios cambien tanto de ciudad a ciudad, en Luang Prabang te pedían 20 dólares y en Luang Namtha la tenías por menos de 3 euros al cambio. A los 2 km y nada más echar gasolina se nos rompe la cadena de la moto, así que volvemos a pie hasta la tienda de alquiler y nos dan otra mucho más nueva y que anteriormente nos habían dicho que costaba más..pero no nos cobran la diferencia, faltaría más, le hemos dejado el deposito lleno.



Pasamos la mañana y parte de la tarde visitando las cuevas de la zona, algunas más interesantes que otras.

































La última cueva que visitamos estaba cerca de una escuela de educación primaria, que además era primaria en todo. Básicamente era un almacén de ladrillo donde había sillas esparcidas y una precaria pizarra. Nada más parar las motos delante una hondonada de niños se nos acerca. Sale el profesor y le dice a unos de los chavales que nos acompañen a la cueva porque está un poco metida en la junglilla. 4 niños nos guían por la jungla hasta la cueva, en la que entraba (o salía, no recuerdo) un río. Los niños se mueven a sus anchas entre la jungla y las piedras, de hecho, al volver, vamos por otro camino y nos toca caminar por un árbol caído (o tirado) que atraviesa el río a unos 2m de altura, nosotros a 4 patas sobre la parte más estrecha del árbol y los niños en las ramas laterales saltando como monos :)



















Invitamos a los chavales a un zumo y hablamos con el profesor. Dos de los niños no tienen calzado, y le preguntamos al profesor que cuanto cuestan un par de sandalias. Nos dice que unos 20000 kips. Sacamos 50000 kips y se los damos al tío para que él compre las sandalias a los niños, pero no parecía contento, y con el poco inglés que hablaba llegamos a entender que el problema es que en toda la clase hay como 15 ó 20 niños sin calzado porque las familias son muy pobres...la verdad es que no habíamos pensado en eso, pero tampoco podíamos ponernos a soltar pasta para 20 sandalias y sin saber realmente si el tío lo iba a utilizar en eso o no...al menos parecía honesto, pero realmente nunca se sabe. Le dijimos que si no eran zapatos pues lo que necesitase para la escuela, pero al final la verdad es que nos quedó un sabor amargo, porque el tío no estaba contento y nosotros no sentimos que habíamos ayudado a los chavalines de la escuela, así que todo fue un poco raro, con estos temas es difícil en estos países, porque, por supuesto, no puedes salvar el mundo, pero tampoco puedes permanecer tan ajeno a la realidad que vive mucha gente, sobre todo cuando hablas directamente con alguien y lo ves.


Al día siguiente nos fuimos de Tha Khaek porque básicamente no hay mucho más que hacer en un pueblo fantasma como éste donde sólo ves un poco de vida después del atardecer en el karaoke y otros sitios locales, que se llenan de jóvenes con sus motos.. Cogimos el bus hacia Savannakhet, donde teníamos pensado pasar al menos un par de días, pero Savannaketh resultó bastante más insulsa que Tha Khaek, aunque más grande. Visitamos a pie un poco la ciudad, pero al día siguiente nos fuimos hacia Champasak, ya propiamente sur de Laos.

















Para ir a Champasak no hay autobús directo, la gente suele pasar noche en Pakse y coger otro bus al día siguiente hasta allí, pero nosotros queríamos hacerlo en el mismo día, así que nada más llegar a Pakse enlazamos con un camión local que nos prometía dejarnos en un cruce desde donde te pueden llevar en moto hasta  el borde del Mekong, y desde ahí, cruzar al otro lado, donde está Champasak.

Nos dejan tiraos en ese cruce, donde apenas había unos puestos de verduras y frutas, y nos timan como campeones llevándonos unos 4 km en moto hasta el río, y desde ahí, nos vuelven a timar con la barquita que cruza el río, pero en la situación que estábamos no había ninguna otra opción, sólo intentar rebajar el precio un poco. La suerte es que hay un tío en el otro lado con un tuk-tuk que nos lleva a su guesthouse y nos hace un precio cojonudo por la habitación, menos de 2 euros.

Champasak no es más que una carreterita paralela al Mekong con casitas a los lados y algunas guesthouses, todas con balcón de madera con vistas al río. El sitio es pequeño y agradable con un bonito entorno natural, así que nos quedamos allí 4 días. Lo más interesante para visitar en la zona es Wat Phu, un templo khmer de la época de Angkor. Pillamos la bici y nos vamos a visitar el templo. Esta visita nos sirve un poco como anticipo a lo que nos encontraremos en Angkor, ya que el estilo es el mismo. La vista desde la colina donde está la parte central del templo es bastante buena.























































































El resto de los días los pasamos paseando, leyendo, comiendo, bebiendo y preguntándonos que le pasaba a un personaje francés que estaba todo el día tirado en una hamaca, recibiendo ayuda de la gente de la pensión para levantarse o irse a la habitación, muy demacrado físicamente. Un día le vimos llegar en bici por la tarde con un ojo morado, así que nuestra curiosidad aumentó. Al final uno de los chicos que trabajaba allí nos contó que Pascal (que así se llamaba) estaba todo el día borracho, prácticamente se había vuelto adicto al Lao Khao (güisqui de arroz destilado en casa normalmente), y que vivía allí porque anteriormente se dedicaba a ofrecer tours en barca por el Mekong a los turistas, pero obviamente ahora no se encontraba en condiciones para seguir haciéndolo. Al tío le habían robado alguna vez mientras estaba borracho, y el moratón del ojo fue porque se cayó yendo al baño, al menos según nos contó el chico del hostal.



Después de relajarnos unos días, cogimos el barco para ir a nuestra última etapa en Laos: Si Phan Don (Las 4000 Islas), particularmente a la isla Don Det, pero eso os lo contamos en la próxima entrada.

Hasta pronto!

Julio





ITA


Dopo la buona sensazione lasciataci da Luang Prabang e l'indifferenza provocataci da Vientiane, proseguiamo il nostro cammino verso il sud del paese e arriviamo alla piccola cittadina di Tha Khaek, un gruppetto di case coloniali situate sulla riva del Mekong, zona famosa per le grotte sparse intorno al suo territorio.
















Il prezzo delle stanze è più alto del solito, per cui insieme ad una coppia di catalani conosciuti in autobus, facciamo il giro delle varie guesthouse in tuk-tuk alla ricerca del prezzo migliore. Alla fine troviamo il nostro ostello, un pó malandato sì, pero ci accontentiamo sapendo che in due giorni ce ne andremo..non importa! Una cosa è certa, avremmo dovuto fare attenzione al Karaoke che si trova lì affianco: fino alle 2-3 del mattino non spengono la musica.


Il mattino dopo andiamo in cerca di una moto da affittare. Dopo aver negoziato prendiamo ne prendiamo una un pò sgarrupata per 70000 kips, prezzo più alto di quello che si paga a Vientiane (50000) o Luang Namtha (30000). Strano che i prezzi cambino tanto da una città all'altra, a Luang Prabang ti chiedevano 20 dollari e a Luang Namtha avevi una moto per meno di 3 euro.
Dopo aver percorso due kilometri e appena dopo aver fatto il pieno di benzina ci si rompe la catena, costringendoci a ritornare a piedi fino al negozietto di motocicli. Qui, per fortuna, ci sostituiscono la moto malandata per una super-nuova e che prima non abbiamo preso perchè costava di più...Non ci fanno pagare niente per il cambio, e "ci mancherebbe", dico io..gli abbiamo lasciato il pieno di benzina!





Passiamo dunque la mattina e mezzo pomeriggio visitando tutte le grotte della zona, alcune, più interessanti di altre, ma comunque da vedere.


































L'ultima grotta si trova vicino ad una scuola elementare..ma proprio elementare. In realtà si trattava di un magazzino in mattoncini con sedie sparse in giro e una lavagna. Non appena parcheggiamo la moto una ondata di bambini ci circonda. Il professore si avvicina gli chiediamo informazioni per raggiungere la grotta e lui dice ad un bambino di guidarci... a quanto pare si trova a giungla inoltrata. Alla fine i bambini che ci guidano sono 4 e si muovono correndo per la giungla come se stessero a casa loro..noi li seguiamo anche se un pò impediti. Arriviamo alla grotta, lì finisce o nasce un rigagnolo. Loro continuano ad arrampicarsi dappertutto e al ritorno ci fanno attraversare un fiume passando su di un albero lì caduto. Noi lo attraversiamo a 4 zampe, mentre loro ci corrono sopra e saltando dai rami laterali come piccole scimmie :)




















Offriamo ai bambini un succo d'arancia e parliamo con il maestro. Due dei bambini non hanno le scarpe, chiediamo al professore se sa quanto costano. Dice 20000 kips. Gliene diamo 50000...ma lui non sembra contento, e con il poco inglese che parla, ci fa capire che ci sono altri 15 o 20 bambini senza scarpe nella sua classe, visto che tutti vengono da famiglie molto povere. Non ci avevamo pensato..pero nemmeno potevamo dargli molti più soldi, senza sapere realmente se poi li avrebbe usati per quel proposito. Ci sembra onesto..pero non si sa mai. Gli diciamo che decida lui se spenderli in scarpe o materiale per la scuola. Ce ne andiamo con un sapore amaro in bocca..il tipo non sembrava contento e noi non ci sentiamo felici, in realtà non sappiamo se abbiamo fatto qualcosa con il piccolo gesto dei 50000 kips. Queste situazioni sono difficili, non sai mai qual'è la cosa migliore da fare e soprattutto, non puoi salvare il mondo, pero nemmeno rimanere indifferente, soprattutto quando lo vedi sapendo poi, che non c'è fine alla disgrazia umana...ossia che qualcuno può prendere i tuoi soldi e usarli per i suoi interessi con la scusa dei bambini. Casi come questi se ne sentono tantissimi....



Il giorno dopo ce ne andiamo dalla città fantasma di Tha Khaek, con i suoi motorini nottambuli ed i suoi karaoke. Prendiamo l'autobus verso Savannakhet, ancora più a sud. Volevamo passare lì due notti, ma visto il panorama di desolazione della città..ci facciamo un giro, stiamo solo una notte e il giorno dopo partiamo per Champasak, già nel pieno sud del paese.


















Nessun autobus va diretto a Champasak, la gente normalmente passa una notte a Pakse e prende un bus fin lì il giorno dopo. Noi vogliamo far tutto nello stesso giorno, così appena arrivati a Pakse ci buttiamo dentro un camion locale che promette portarci fino ad un incrocio da dove poi in moto raggiungere la riva del Mekong, prendere un barca ed arrivare a Champasak.

Il camion ci scarica nel suddetto incrocio, dove si trovano delle signore che vendono frutta e verdura da dei carretti di legno. Queste hanno due moto e ci fregano olimpicamente, facendoci pagare una somma incredibilmente alta per fare solo 4 kilometri fino alla riva del Mekong. Quí, ripetiamo la fregatura con quello dell barchetta che ci deve portare dall'altra parte, per lo meno questo abbassa il prezzo, anche se di poco. In realta non abbiamo altre opzioni: siamo nel mezzo del nulla. Dall'altra parte del fiume ci ripesca un signore con un tuc-tuc e ci porta al suo ostello, dove finalmente ci fa un prezzo imbattibile: meno di due euro per la stanza. Accettiamo!

Champasak non è altro che un paesino lungo una strada principale che corre parallela al Mekong, casette basse di legno, palme e terrazze sul fiume. Rimaniamo qua 4 giorni, incantati dalla calma, dalla natura e dall'ambiente casereccio. L'attrazione principale qui è Wat Phu, un tempio Khmer dell'epoca di Angkor che si trova più o meno a 6 km da Champasak. Prendiamo due bici e gli andiamo a dare un'occhiata. Questa visita ci fa da introduzione a quello che poi vedremo ad Angkor, visto che lo stile è lo stesso. Il panorama dall'alto della collina è abbastanza suggestivo.
























































































Il resto dei giorni lo passiamo passeggiando, leggendo, bevendo e fantasticando su di un personaggio francese che si trovava nel nostro ostello e che passava tutto il tempo avviluppato nella sua amaca sul terrazzo dell'ostello. La famiglia proprietaria del posto lo aiutava per mangiare, bere, andare a letto...il tipo sembrava avesse qualche tipo di problema fisico. Un giorno peò lo vediamo in bici con un occhio nero: la nostra curiosità aumenta. Alla fine uno dei ragazzi ci dice che il problema di Pascal (questo era il suo nome) era l'alcol, era diventato dipendente al Lao Khao (wisky di riso distillato in casa) e si ubriacava tutti i giorni. Lui viveva lì, si era comprato un barchetta e si dedicava a portare i turisti sù e giù per il Mekong, questo, ovviamente, prima di diventare l'ubriacone del villaggio. Gli hanno rubato tutto diverse volte durante le sue performance e l'occhio nero se l'è fatto cadendo in bagno la notte prima.




Svelato il mistero di Pascal e dopo aver passato quelle giornate pacifiche sulla riva del Mekong, prendiamo la barca per andare verso la nostra ultima tappa nel sud del Laos: Si Phan Don (le 4000 isole), precisamente verso l'isola di Don Det, pero questo lo racconteremo nel prossimo post!

A presto

Julio